Stendhal nos ofrece una obra maestra de la literatura romántica, presentándonos un mundo, un argumento, personajes, etc., que se corresponden con este movimiento histórico. A continuación, algunos aspectos constituyentes de esta novela que nos permiten afirmar lo anterior.
El desprecio del mundo a los diferentes: la vida de Julián Sorel
El protagonista de esta historia, Julián Sorel, siempre fue despreciado y aislado por su padre, quien lo forzaba a "hacerse hombre" trabajando en la sierra del pueblo. Además, Julián era débil físicamente para el trabajo, por lo que el desprecio se acentuaba.
Nuestro héroe se sintió, finalmente, más atraído al estudio -latín, con el sacerdote del pueblo-; quizá era porque no tenía ninguna prestancia para otra cosa. Así, pudo salir de su casa e iniciar su trabajo como preceptor dentro de la casa más adinerada de Verriéres. Allí, además de adquirir la idea de que él era socialmente inferior a todo su entorno -su origen no era desconocido por nadie en el pueblo-, tuvo un amor sufrido e imposible, puesto que no era "lícito" socialmente.
El amor idealizado y el rechazo de la realidad
Julián idealizó su amor con Madame Rénal idealizándola, como un pretexto para alimentar su ya devastado amor propio. Al mismo tiempo, albergó en su alma la idea de su "eterna soledad" e "inferioridad", como una condena autoimpuesta de resignación. De este modo, se aprecia el aspecto propiamente romántico de no desear la realidad, de rechazarla al punto de escaparle y de crear una nueva (idealización); también es romántico el aspecto de no poseer adecuadamente, sino sólo de forma ilusoria y pasajera, a la amada.
Rechazo sostenido: fuera de Verriéres
Las cosas no mejoraron mucho para Julián en lo sucesivo: cuando ingresó al Seminario, cuando trabajó en la casa del marqués de la Mole, cuando estuvo en la cárcel, etc., era acechado por el rechazo que generaba en los demás y por la idea de su irremediable inferioridad en cuanto a las castas. Julián siempre intentaba huir a esta idea a través de la acumulación de más bienes materiales que le otorgaran cierto estatus, para superar su condición humana inferior; sin embargo, este afán lo situaba a merced de la voluntad del noble, de la voluntad del "superior". Este aspecto también es romántico: el sentirse ahogado en su yugo institucional sin poder escapar de él; el verse solo en un mundo que no es el que anhela.
Aceptación del destino: la muerte
Ya hacia el final de la obra, Julián vuelve a Verriéres y comete algo impensable: le dispara a Madame Rénal. Esta acción irracional e impulsiva del disparo hace que encarcelen a Julián y lo condenen a muerte, razón por la cual éste acepta su destina y acepta la única solución que se le ofrece como tal para ya no seguir sufriendo; solución que corresponde a la misma que aceptaron muchos románticos cuando no pudieron con el sufrimiento asfixiante de la realidad: la muerte.