Fausto se alza como la obra maestra de Goethe, escritor considerado como el último de los clásicos y el primero de los románticos. En esta obra observamos una mezcla de ambas concepciones, lo cual se advierte en las distintas temáticas y acciones que van tomando forma en el drama.
La farsa
La visión de mundo que nos presenta el texto es de farsa, de comedia, de juego. Tomemos el caso del domingo de resurrección en que se muestra un coro de ángeles y a los paseantes despreocupados de la fecha. Los ángeles representarían la vida de los creyentes que buscan a Dios y que en aquella creencia cifran su salvación eterna y su sentido último en la vida; no obstante, esta alternativa la toman muy pocos (en relación a Fausto, sólo Beatriz).
Por otra parte, está la actitud de Goethe frente a la vida; ésta se representa en los paseantes. A pesar de que saben qué día es, no se preocupan mucho de la resurrección y se concentran más en hacer fiesta, en asistir a los carnavales, en pasar un buen rato, etc.; es decir, se alejan de lo divino para vivir lo dionisíaco, para actuar en el Gran Teatro que les representa la vida.
No obstante, ¿por qué es una farsa? La lógica tradicional nos revela que los paseantes y Fausto mismo, por adoptar esa postura, no deberían salvarse de nada en absoluto; sin embargo, Fausto, por más pecado que haya cometido y a pesar de que lo conduce el Diablo mismo, logra salvarse de lo que le ocurre como cualquier otro creyente en Dios.
En esencia, la farsa de Goethe representa su visión de final irremediable, puesto que, para él, estaríamos todos destinados a volver al origen, a la región divina; por consiguiente, fuera cual fuese la alternativa que tomáramos con respecto a orientar el sentido de nuestra vida, el autor nos dice que tanto una parte como la otra alcanzarían la salvación.
La oposición entre “conocer” y “saber”
Al comienzo de la obra, Fausto nos habla acerca de él y nos revela que es el hombre más erudito que vive, puesto que lo ha estudiado todo y es capaz de comprender cualquier asunto a través de su intelecto; pero, dice luego, todo ese conocimiento no le sirve en absoluto. Este conocimiento es el saber por saber, el dato enciclopédico, el cual es intrascendente y banal.
Posteriormente, Fausto siente una inquietud por saber verdaderamente qué es la vida, es decir, por tratar de asir la verdad y la esencia que yace en cada cosa y en cada hombre; en resumen, por obtener un conocimiento experiencial, significativo. Por lo tanto, el saber conlleva un conocimiento esencial que trasciende el mero conocer, que influye en el ser de cada cosa y de cada hombre, determinándolo.
Ahora bien, ¿cómo alcanzar la sabiduría en oposición al conocimiento? Si el conocer es el enciclopedismo y el saber el conocimiento experiencial de la verdad de las cosas y de uno mismo, podría resumirse que la oposición observada entre conocimiento y saber es la misma que se ve entre razón e intuición, respectivamente; por ende, el saber se logra a través de la experiencia de uno entre los otros y entre las cosas.
Eso por ahora, muchachos. Pronto intentaré publicar algo más sobre este libro.
¡Que estén bien!
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