domingo, 12 de abril de 2009

Fausto: antagonismo apolíneo/dionisíaco

A través de la obra podemos observar claramente dos actitudes vitales: primero, la de corte racional, riguroso, inclinada a la pureza y perfección tradicionales; segundo, la de corte intuitivo y pasional, inclinada a la experiencia y dictamen del corazón, de lo irracional. Un ejemplo claro dentro de la obra es el que ya mencionamos con anterioridad respecto a la oposición dentro del concepto de farsa.

Pero hay otro ejemplo muchísimo más interesante, relacionado con el hijo que tiene Fausto. Este hijo nace de él y de Elena; nace de lo dionisíaco y de lo apolíneo. Euforión (la Poesía) tiene en sí tanto lo intuitivo, pasional, como lo racional, depurado; veamos una descripción que da Fausto de él:

Es extremadamente despierto,
ayuda a los ladrones y pícaros,
pero también busca el bien de todos,
es el genio siempre benefactor,
nos lo demuestra inmediatamente
haciendo uso de sus diestras artes.


En efecto, también apreciamos que es la voluntad del propio Euforión el alcanzar el máximo de sus capacidades, de darse a conocer como Poesía que es:

EUFORIÓN.- Ahora, dejadme brincar, dejadme saltar. Mi deseo, que ya empieza a apoderarse de mí, es llegar hasta los aires.

No obstante la perfección de Euforión, su osadía lo lleva a la muerte. Goethe establece, entonces, que Euforión, la Poesía, no puede ser a la vez lo clásico y lo romántico, oposición que resume dos vertientes del vivir y el conocer humanos. Más bien, para Goethe hay un antagonismo constante, consecutivo y consecuencial que, en el fondo, es un resumen de la existencia humana toda, tanto individual como histórica.

Sin embargo, lo anterior es sólo un esbozo de los antagonismos de interdependencia absoluta, los cuales tienen relación con las dos posibilidades que el hombre tiene de conocer el mundo y, por tanto, a sí mismo:

a) El conocimiento formal: a través de los nombres y del presupuesto que ello implica, tal como lo establece Platón en El Crátilo.
b) El conocimiento experiencial: la experiencia directa con la cosa y sin palabra mediadora, tal como se observa en el ánimo de Fausto, que orienta el drama.

De este modo, tenemos razón contra intuición como un antagonismo del conocer humano individual; por supuesto, ninguna de las vías es completa por sí sola.

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